Con HTML5 y CSS3 cerca las limitaciones en diseño web ya no parecen importar, sin embargo, debemos aceptarlo: Los estándares web, y navegadores, no son capaces de ofrecer una revolución real en diseño web.
Con revolución no me refiero a vídeos codificados en VP8 o H.264 o a funciones drag&drop en mi navegador, que aunque útil no suponen una revolución en lo que a diseño [gráfico] web se refiere. Como diseñador gráfico puedes ver la limitación al diseñar para web versus el diseño para impresión, es decir, tienes un medio potente (Internet, PC, etc.) limitado por estándares (y navegadores) que no deja paso a herramientas de desarrollo adecuadas, como sucede con InDesign para producción editorial.
Actualmente no podemos hablar de textos justificados de la forma adecuada, manejo de perfiles de color (aunque FF y Safari hayan dado el primer paso), manipulación adecuada de kerning, o incluso uso de columnas de texto. Por supuesto existen "parches" javascript o soluciones propietarias de navegadores, pero no se ve demasiado movimiento en el campo de estándares.
Mientras tanto nos queda de consuelo que Safari y Firefox estan envueltos en una guerra de caracteristicas que está dando como resultado avances muy rápidos en este tema, para muestra les recomiendo leer sobre optimizeLegibility, FontDeck y Color Management(FF3).
En el mundo geek, de computadoras y fanatismo, es bastante común tomar una postura: Amo Facebook, o en contraposición, Odio Facebook. Voto por una tercera: me es útil.
Mencionó esto porque en las últimas semanas los cambios que se han venido dando en el blog giran alrededor de Facebook, es una red social que esta metida hasta en las noticias, y que aunque no lo diga abiertamente planea conquistar el mundo.
No amo Facebook, tampoco lo odio, pero reconozco que me es útil. Principalmente porque es popular, ahora casi tanto como el correo electrónico, básicamente porque es bastante fácil usarlo y porque entendió las necesidades de comunicación de una marca.
Es decir, una marca puede tener un blog, ser 100% personalizable y la página más genial del planeta, pero si no recibe visitas carece de utilidad. Por otro lado una cuenta de Twitter puede ser seguida por millones pero es limitada, así fue creada, impidiendo que la marca se exprese de la mejor forma posible.
Twitter vs Facebook
Cuando decidí que el blog tenía que integrarse a una red social, porque los artículos dejan de ser míos para ser el favorito o retweet de alguien más, surgió la duda si usar Facebook o Twitter. Personalmente prefiero Twitter porque mi red de contactos allí es grande, cercana y más geek que el usuario promedio, precisamente uno de los perfiles de la los que leen el blog. Mientras que Facebook es popular, sencillo de entender y usar, además de completo.
Al final elegí a Facebook sobre Twitter porque ofrece mejores herramientas para integrarse, desde inició de sesión usando su cuenta hasta opción de compartir enlaces, pasando por crear una página pública (que sustituye la suscripción vía RSS) para darle continuidad a los comentarios y reunir a la una comunidad alrededor, algo que hace una diferencia grande frente a Twitter que, aunque permite manejar masas, complica centralizar la información o discusiones, obteniendo información bastante dispersa.
Resumiendo lo anterior, la popularidad de Facebook, su enfoque de comunicación personas-empresas y las herramientas de integración que ofrece la hicieron una mejor elección, para este caso en particular, para mejorar la experiencia en el blog que, dicho sea de paso, aún esta en desarrollo.
La unión con Facebook no es un matrimonio
Con esto me refiero que la integración con Facebook no es “hasta que la muerte los separe”, o “en la salud y la enfermedad”, ¡joder que esto no es un matrimonio!
Esta integración se dará mientras aporte un valor a la comunicación en el blog, facilitando la tarea de difundir mis ideas y a ustedes de debatirlas, o apoyarlas.
Justo hoy decidí ver un dvd que tenía guardado desde hace algunos años: aMotion de A Perfect Circle, y fue agradable escuchar de nuevo el comentario de Maynard (vocalista) acerca de 3 Libras. Un comentario que no tiene perdida y que por supuesto comparto.
Dice Maynard
Yo me considero una persona discapacitada ya que solía creer que todo el mundo tenía la intención de aprender más, ser cada vez mejor persona, buscar la verdad. Cuanto más viejo soy, más veo que no es el caso con la mayoría de la gente. Están bastante contentos con cómo son las cosas y más o menos viven el día a día, supongo, y esta canción trata de la gente que reconoce que… otra gente reconoce que hay algo especial en una persona, un individuo o una situación, y se pegan como lapas, por decirlo de alguna forma. Son una especie de… no sé… la gente que… son unos percebes. Parásitos. Reconocen que hay cierta energía en un nivel, pero se alimenta de ella en lugar de aportar algo o crecer a partir de ella
Abajo dejo el vídeo y la letra de esta genial canción
Threw you the obvious
And you flew with it on your back
A name in your recollection
Down among a million same
Difficult not to feel a little bit
Disappointed and passed over
When I look right through,
See you naked but oblivious
And you don't see me
But I threw you the obvious
Just to see if there's more behind the
Eyes of a fallen angel,
Eyes of a tragedy
Here I am expecting just a little bit
Too much from the wounded
But I see, see through it all
See through, see you
'Cause I threw you the obvious
To see what occurs behind the
Eyes of a fallen angel,
Eyes of a tragedy
Oh well, oh well
Apparently nothing,
Apparently nothing at all
Uno de los problemas actuales de las universidades es asumir que un joven, en promedio de 20 años, sólo es capaz de llegar a un salón, sentarse y escuchar teoría durante horas. Es pensar que sólo basta con crear un pensum y esperar que el estudiante lo siga, sin importar el ambiente o contexto en el que se encuentra. Siendo ajenos a los que sucede afuera de la universidad, a la situación del país, del campo laboral, y más aún de su vida personal.
¿Sabrán las universidades de lo que es capaz una persona a los 20 años?
Sabrán que un joven de 20 años es capaz de tener un hijo, un trabajo, un blog, organizar una fiesta, hablar más de un idioma, poseer una memoria envidiable, energía para trabajar por horas sin pausa, capacidad de utilizar una tv, un radio y por supuesto Internet, que saben tocar un instrumento, escribir una canción, publicar una revista, protestar, comunicarse, tomar fotografías, o saberse burlar de la vida de mil formas diferentes.
Sí las universidades desconocen eso entonces los que más deben estudiar no son los estudiantes, y eso me lleva a hacer la pregunta que importa ¿serán las universidades capaces de actualizar su modelo educativo y aprovechar mejor la capacidad del estudiante para el bien de ambos?
Escribir tu testamento aunque se lea tétrico es un ejercicio por demás sano. Es la forma en que puedes describir las cosas valiosas que posees, para entregárselas a la gente que te importa. Pienso que vale la pena intentarlo.
Aprovechando comparto dos testamentos que me gustan:
Testamento por Silvio Rodríguez
Como la muerte anda en secreto
Y no se sabe que mañana
Yo voy a hacer mi testamento
A repartir lo que me falta
Pues lo que tuve ya está hecho
Ya está abrigado, ya está en casa
Yo voy a hacer mi testamento
Para cerrar cuentas soñadas
Le debo una canción a la sonrisa,
A la sonrisa de manantial, esa que salta
Le debo un canción a toda prisa
Para que quede que estuvo cerca, agazapada
Le debo una canción a lo que supe
A lo que supe y no pudo ser más que silencio
Le debo una canción, una que ocupe
La cantidad de mordaz amor de un juramento
Le debo una canción a los pecados,
A los pecados que no gasté, los que no pude
Le debo una canción, no como hermano,
Sino de sal que el deleitador también alude
Le debo una canción a la mentira,
A la mentira pequeña, frágil, casi salva
Le debo una canción endurecida,
Una canción asesina, bruta, sanguinaria
Le debo una canción a lo oportuno,
A lo oportuno, mutilador de cuanta ala
Le debo una canción de tono oscuro
que lo encadene a vagar su eterna madrugada
Le debo una canción a las fronteras,
A las fronteras humanas, no las del misterio
Le debo una canción tan poco nueva,
Como la voz mas elemental de los colegios.
Le debo una canción a una bala,
A un proyectil que debió esperarme en una celda
Le debo una canción desesperada,
Desesperada por no poder llegar a verla
Le debo una canción al compañero,
Al compañero de riesgos, al de la victoria
Le debo una canción de canto nuevo,
Una bandera común que vuele con la historia
Le debo una canción, una a la muerte,
Una a la muerte voraz que se comera tanto
Le debo una canción que hunda el diente
Y luego esparza con la explosión fuegos del canto
Le debo una canción a lo imposible
A la mujer, a la estrella, al sueño que nos lanza
Le debo una canción indescriptible
Como una vela inflamada en vientos de esperanza
El Testamento por John Donne
Antes que exhale mi último suspiro, deja, Amor,
que revele mi legado. Es mi voluntad legar
a Argos mis ojos, si mis ojos pueden ver.
Si están ciegos, Amor, a ti te los entrego;
A la Fama doy mi lengua; a embajadores, mis oídos;
a mujeres, o a la mar, mis lágrimas.
Tú, Amor, me has enseñado
al hacerme amar a aquella que a veinte más tenía,
que a nadie debía dar, sino a quien tenía demasiado.
Mi constancia entrego a los planetas;
mi verdad, a quienes viven en la Corte;
mi ingenuidad y franqueza
a los jesuitas; a los bufones, mi ensimismamiento;
mi silencio, a quien haya estado fuera;
mi dinero, al capuchino.
Tú, Amor, me has enseñado, al instarme a amar
allí donde amor no es recibido,
a dar sólo a quienes tienen incapacidad probada.
Mi fe entrego a los católicos;
mis buenas obras, todas, a los cismáticos
de Amsterdam; mis mejores modales,
mi cortesía, a la universidad;
mi modestia doy al soldado raso.
Compartan los jugadores mi paciencia.
Tú, Amor, me has enseñado, al hacerme amar
a aquella que dispar mi amor entiende,
a dar sólo a quienes tienen por indignos mis regalos.
Sea mi reputación para aquellos que fueron
mis amigos; mi industria, para mis enemigos.
A los escolásticos hago entrega de mis dudas;
de mi enfermedad, a los médicos, o al exceso;
a la naturaleza de todo lo que en rima tengo escrito,
y para mi acompañante sea mi ingenio.
Tú, Amor, cuando adorar me hiciste a aquella
que antes este amor en mí engendrara,
a hacer como si diera, me enseñaste, cuando restituyo sólo.
A aquel por quien tocan las campanas,
mi libro doy de medicina; mis pergaminos
de consejos morales sean para el manicomio;
mis medallas de bronce, para quienes tienen
escasez de pan; a quienes viajan entre
todo tipo de extranjeros doy mi lengua inglesa.
Tú, Amor, al hacer que amara a quien
considera su amistad justa porción
para jóvenes amantes, haces mis dones desproporcionados.
Así, pues, no daré más, sino que el mundo
destruiré al morir, pues el amor muere también.
Tu hermosura, toda, menos entonces valdrá
de lo que el oro en la mina, sin que haya quien lo extraiga
y de menos tus encantos, todos, te servirán,
de lo que puede un reloj de sol dentro de una tumba.
Tú, Amor, me has enseñado, al hacerme
amar a aquella que a ti y a mí desdeña,
a ingeniar esta manera de aniquilar a los tres.
Antes que exhale mi último suspiro, deja, Amor,
que revele mi legado. Es mi voluntad legar
a Argos mis ojos, si mis ojos pueden ver.
Si están ciegos, Amor, a ti te los entrego;
A la Fama doy mi lengua; a embajadores, mis oídos;
a mujeres, o a la mar, mis lágrimas.
Tú, Amor, me has enseñado
al hacerme amar a aquella que a veinte más tenía,
que a nadie debía dar, sino a quien tenía demasiado.
Mi constancia entrego a los planetas;
mi verdad, a quienes viven en la Corte;
mi ingenuidad y franqueza
a los jesuitas; a los bufones, mi ensimismamiento;
mi silencio, a quien haya estado fuera;
mi dinero, al capuchino.
Tú, Amor, me has enseñado, al instarme a amar
allí donde amor no es recibido,
a dar sólo a quienes tienen incapacidad probada.
Mi fe entrego a los católicos;
mis buenas obras, todas, a los cismáticos
de Amsterdam; mis mejores modales,
mi cortesía, a la universidad;
mi modestia doy al soldado raso.
Compartan los jugadores mi paciencia.
Tú, Amor, me has enseñado, al hacerme amar
a aquella que dispar mi amor entiende,
a dar sólo a quienes tienen por indignos mis regalos.
Sea mi reputación para aquellos que fueron
mis amigos; mi industria, para mis enemigos.
A los escolásticos hago entrega de mis dudas;
de mi enfermedad, a los médicos, o al exceso;
a la naturaleza de todo lo que en rima tengo escrito,
y para mi acompañante sea mi ingenio.
Tú, Amor, cuando adorar me hiciste a aquella
que antes este amor en mí engendrara,
a hacer como si diera, me enseñaste, cuando restituyo sólo.
A aquel por quien tocan las campanas,
mi libro doy de medicina; mis pergaminos
de consejos morales sean para el manicomio;
mis medallas de bronce, para quienes tienen
escasez de pan; a quienes viajan entre
todo tipo de extranjeros doy mi lengua inglesa.
Tú, Amor, al hacer que amara a quien
considera su amistad justa porción
para jóvenes amantes, haces mis dones desproporcionados.
Así, pues, no daré más, sino que el mundo
destruiré al morir, pues el amor muere también.
Tu hermosura, toda, menos entonces valdrá
de lo que el oro en la mina, sin que haya quien lo extraiga
y de menos tus encantos, todos, te servirán,
de lo que puede un reloj de sol dentro de una tumba.
Tú, Amor, me has enseñado, al hacerme
amar a aquella que a ti y a mí desdeña,
a ingeniar esta manera de aniquilar a los tres.
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