Cuando el arte se desnuda

Al inicio de la semana la comunidad de DeviantArt movió ideas acerca del desnudo artístico, el arte erótico y la perversión con su artículo Good Nudes vs. Bad Nudes (inglés, NSFW). Si te interesa el tema tenes que verlo, pero no solo verlo sino un poco más: salta entre enlaces, comentarios y por supuesto intenta responder las preguntas. El artículo además incluye una excelente selección de fotografías sobre el tema que no tienen perdida.

Si aún después sigues interesado te recomiendo revisar el portafolio de George Hurrell —un vistazo retrospectivo a la fotografía glamorosa/erótica de los ’30s—, el de Bruno Dayan —actualidad— y el blog de The thought experiment con literatura, erotismo, chicas, fotografía y superheroes.

Si lo tuyo es la literatura tienes que darle un vistazo a la poesía de Sabines, a In Media Res de Eleonora Requera y quizá revisar Las edades de Lulú.

Actualización:

Cuándo debe doler el arte

Sin importar los ingredientes —palabras o imágenes— o preparación —diálogos y versos— el arte alimenta una emoción, y el arte es un plato codiciado en la mesa del entretenimiento.

Pero no limitemos, el arte es más que entretenimiento, es una forma de expresión y  como tal es tan necesaria para las personas como comer…

…pero entonces surgen las preguntas: ¿Por qué consumir arte preparado a base de dolor humano? ¿Comerías alimento amargo, sucio o podrido? ¿Consumir arte es solo placer?

Es difícil describir la incomodidad de estar frente a la pantalla viendo una masacre, crea una sensación de morbo si se puede llamar así, que por supuesto es actuación pero basada en hechos reales, como en este caso la masacre contra los judíos. Una escena que pertenece a la película la Lista de Schindler y que me hizo dudar por algunos minutos si debía continuar viendo la película, aunque finalmente terminé de verla pero que me trajo hasta aquí a dejar las siguientes líneas.

Menciono la película como un ejemplo, pero es una situación recurrente para mi, tanto en películas como al leer literatura basada en sufrimiento. Con quienes he podido conversar sobre el tema saben que desprecio el abuso del dolor para provocar una emoción, y no me refiero a que no exista el dolor como tal o que no se deba utilizar, sino al uso que se le da para explotar emociones fácilmente, para ganar los aplausos (o lagrimas) del público, pero sin un interés más que provocar una emoción inútil.

Ese ha sido, y es, mi conflicto con las películas de Isabel Coixet1 por dar un ejemplo, porque me encanta la dirección, cómo se une todo —fotografía, personajes, etc—  dentro de la película, pero protesto por el uso de situaciones dolorosas para generar esa emoción “inútil”, usarlo como un recurso más de la narración, como una muleta para el dialogo (como usar a un moribundo para compensar la falta de diálogos interesantes, por ejemplo), sin dejar de considerar que es el uso de dolor como entretenimiento. Obviamente no es un rasgo exclusivo de sus películas, gran parte del arte lo utiliza (por no decir la mayoría), pero no por eso me agrada, apenas lo tolero. Y que no se mal interprete, la emoción como tal es necesaria para darle vida al arte pero no por eso justifica todos los fines para los que se crea.

Usar la figura de una persona con cáncer para crear una escena emotiva (en una película sin mucho aire de altruismo), me parece ofensivo, es usar el dolor ajeno(o propio) como un recurso de utilería, como un adorno más que se pone o se quita a capricho de la “estética”, olvidando por completo lo que representa, desvalorizando una situación real a cambio un poco de emotividad para acompañar los poporopos y las gaseosas. Es peligroso.

A pesar de lo escrito, existe otro punto de vista que debe considerarse, y que se apoya principalmente —aunque no únicamente— en la empatía entre personas. Como seres humanos gran parte de nuestros avances provienen de la historia2, de la narración de diversos hechos, independientemente si son dolorosos o no. Es cuando la comunicación se usa para aprender, y en donde el arte actúa como un amplificador de la comunicación creando historias valiosas para ser compartidas, para ser memorables y, por qué no decirlo, para generar reacciones.

Historias, como La lista de Schindler, que a pesar de usar el sufrimiento como recurso pretenden mostrar un suceso que no debe pasar desapercibido, qué quizá por doloroso deba olvidarse pero no así las razones que lo ocasionaron para evitar su repetición. Un punto de vista en donde el dolor tiene espacio únicamente como elemento motivador para evitarlo, como una advertencia si quieren llamarlo así.

Así que mientras el arte sea un canal de comunicación efectivo siempre tendrá cabida para el dolor, por ser esté parte de la condición humana y una sensación inherente al aprendizaje. Sin embargo, no significa que se deba tolerar el dolor como entretenimiento, como truco para manipular o para justificar acciones banales, porque de la misma forma que es importante compartir lo aprendido también lo es olvidar lo inútil, lo banal y las acciones negativas.

Que exista la posibilidad de comer un mal bocado no es razón para ir directamente a comer tierra —por no decir mierda—, evitemoslo. Si aún así nos toca probar mal bocado, quejemonos.


Es un buen momento para leer: El hambre en la literatura.

Mientras escribía estas líneas revise doce veces el diccionario, tomaba café y escuchaba One line repetidas veces, o no.

  1. De Coixet recomiendo Elegía, pero puedes ver La vida sin mi para entender a que me refiero con el uso del dolor para provocar emociones “inútiles” []
  2. Más sobre el tema de la importancia de las historias para el progreso humano en la charla Big History (inglés con subtítulos) de David Christian. []

Sobre el teatro

Dejando a un lado las obras de teatro que vi en mi época de estudiante, que aunque me gustaron fueron obligatorias, la primera obra de teatro que vi fue William Pig, que a la fecha aún recuerdo lo impactante  que fue ver salir al actor semi-desnudo gritando por todo el escenario, la escenografía sencilla pero convincente y un humor que me mantuvo entretenido toda la obra, desde entonces han pasado casi diez años.

A William Pig le siguió El sueño de una noche de verano, de William Shakeaspeare, y otras más. Pero en ese momento supe que tenía que ver más obras de teatro. La emoción y la forma de involucrarse con la historia no tiene comparación, aún sin importar que la puesta en escena parezca sencilla -dudo que lo sea-, el teatro posee esa magia que tiene ver personas reales contar una historia, sumergirse en el momento y disfrutarlo.

La última obra que vi fue por demás memorable, con Charo Fránces y Arístides Vargas, Nuestra señora de las nubes es una genial obra que muestra el poder de una historia bien contada, con prácticamente nada de escenografía, excepto un par de maletas cargadas de accesorios, Charo y Arístides te mantienen pendiente de la trama, (casi) te hacen llorar, te hacen reír y hasta te hacen llorar de la risa, una actuación impresionante. Son emociones que no recuerdo haber vivido en salas de cine.

En este punto tengo que decir que me gusta el cine -me refiero a ir a una sala cine-, que voy regularmente (o casi), pero nada más, apenas un pasatiempo. Por otro lado, las ganas de ir al teatro superan por mucho las de ir al cine, aunque sea más simple y caro, pero es más entretenido. Ir al teatro no tiene precio, ni comparación con el cine.

Me despido, no sin antes enviarle un saludo a la señorita Ana Jacobo y al Espyder, ambos actores guatemaltecos, pueden visitar sus respectivos proyectos en Proyecto Lagartija y Bufon Art Company.

Hasta la próxima, espero verlos al salir del teatro ;)

 

Invocando a Magritte

René Magritte, un pintor del que admiro su obra, pintó en 1964 una de sus obras más famosas: The son of man, de la cual dijo:

At least it hides the face partly. Well, so you have the apparent face, the apple, hiding the visible but hidden, the face of the person. It’s something that happens constantly. Everything we see hides another thing, we always want to see what is hidden by what we see. There is an interest in that which is hidden and which the visible does not show us. This interest can take the form of a quite intense feeling, a sort of conflict, one might say, between the visible that is hidden and the visible that is present

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Al menos oculta el rostro parcialmente. Bueno, aparentemente tienes una cara, la manzana, ocultando lo visible pero oculto, el rostro de la persona. Es algo que sucede constantemente. Todo lo que vemos oculta otra cosa, nosotros siempre queremos ver lo que esta oculto por lo que vemos. Hay un interés en lo que está oculto y lo visible que no se nos muestra. Este interés puede tomar la forma de un sentimiento muy intenso, una especie de conflicto, podría decirse, entre lo visible que está oculto y lo visible que está presente.

En diciembre del año pasado no pude ignorar su obra e hice un pequeño recordatorio con mi avatar, por supuesto agregando una pregunta importante al mensaje, ¿Qué esta oculto?, y aprovechándome de la imaginería moderna —el fondo cuadriculado, en programas de edición de imágenes, representa lo invisible- que a veces no hay cosas ocultas, sino invisibles — ¿acaso existen?—.

Mencionó todo esto porque me parece -siempre- interesante la visión vanguardista de los artistas*, que logran ver más allá de lo obvio, o lo que la sociedad les quiere mostrar, y especialmente porque lo consiguen cuestionando: ¿qué es? ¿hay más? ¿Por qué? ¿Para qué?

Cuestionar siempre es un buen camino para aprender a expresarse, y aquí citó una frase de Nacho Vega, que ya uso Hugo en su blog pero, que vale la pena recordar:

La pregunta lo es todo, porque esa pregunta te lleva a otra.

Es por eso que hoy busco las ideas de Magritte, que igual podría ser otro artista*, para aprender el arte de hacer preguntas, que tarde o temprano te llevan a las respuestas y, entonces, a poder expresarlas.

Encontrar la forma de expresión adecuada no debiera ser el fin último de las personas, sin embargo, si uno de de los más importantes. Nos hace falta.


*Con artistas me refiero a verdaderos artistas, aquellos que unen la habilidad de expresión junto a la alta calidad en la técnica.

Escenas de la infancia: Sesenta años de posguerra en Japón

Jueves, 9 de la mañana, me reunía con  Myrna y Hugo frente al Museo Nacional de Arte Moderno (MNAM), acompañados de los respectivos libros y Nutella. Para mi la razón de ir al museo siempre es inspiración, y funciona, pero esta vez la excusa fue otra: La exposición de fotografía Escenas de la infancia – Sesenta años de la posguerra en Japón.

La exposición se presenta(tó) en el salón Carlos Merida, es una exposición pequeña, alrededor de 60 fotografías, pero muy sustanciosa. Los niños son el eje de toda la exposición y, gracias a la actitud de los niños, se disfruta mucho cada imagen. La alta calidad de las fotografías es indiscutible —por desgracia no conseguí una mejor imagen para esta nota—, pero lo realmente notable es la historia de cada fotografía, por ejemplo la de arriba que muestra a un grupo de niños estudiantes gritando algo así como “Estamos seguros de superar la prueba“.

Como cualquier otro espectador, llegué con la actitud “evaluar” la calidad de las fotografías, pero pobre de mi, algunas fotografías después estaba inmerso en la experiencia, todo un viaje de recuerdos, riendo con las fotografías que me recordaron mis travesuras de niño, otras que me dejaron impactado —mi favorita la del niño, de5 años quizás, leyendo Braille, tan impresionante como triste —, e inevitablemente me dejaron preguntándome cómo es ese país tan lejano llamado Japón, en dónde los niños sonrien a pesar de una pasada guerra.

Otras razones para ir al Museo Nacional de Arte Moderno

Ir al MNAM no tiene  perdida, regrese fascinado con el trabajo de Roberto González Goyri (Guatemala), Jamie Bischof (EEUU), Teté Marella (República Dominicana), José Antonio Fernández, Arnoldo Ramírez Amaya (Guatemala, es genial), Víctor Arriola (Guatemala), entre otros.

 

Barroco, o Capturando un instante

Hace un tiempo dije que soy “renacentista a morir”. El renacimiento fue un movimiento genial, con mucha innovación y bastantes soñadores de por medio. Todo muy apropiado, pero lo sentía incompleto.

Noté que lo que hace falta para innovar es saber que existe, para soñar saber que es real, y para reaccionar sentir la acción. Así es, pues como llegue a la “fase barroca” que espero mantener, al menos por un tiempo.

Barroco es el drama capturado en el instante preciso que ocurre, por otro lado, el renacimiento lo captura en el momento previo, lo evoca por decirlo de alguna forma.

Ahora siento la acción, luego vendra la reacción.

¿vos dónde estas?